Derecho & Economía

El “arte” de la tauromaquia y otros espectáculos grotescos

Por Juan Trujillo Cabrera

¿Los animales no humanos gozan de derechos?

A pesar que la asignatura “Derechos de los Animales” ya se imparte en las Facultades de Derecho de las Universidades de Harvard, Georgetown, Vermont y Rugters, así como en universidades de Alemania, Inglaterra y España; aún es ardua la discusión acerca de si los animales (no humanos) gozan de derechos.

Conocida es la posición de RICHARD POSNER, el mayor vocero del Análisis Económico del Derecho, en negar la posibilidad de reconocerles derechos a éstos seres. Considera que es “prácticamente imposible igualar los derechos de los animales a los de los seres humanos. Hay demasiadas diferencias. Sus necesidades y nuestras relaciones con ellos son muy diferentes de las necesidades y nuestras relaciones con los grupos humanos como para que se autorice actualmente la concesión de derechos a los animales”. NORBERT BRIESKORN es otro fuerte opositor al reconocimiento de los derechos de los animales, al plantear como problemas insuperables, que los animales nunca puedan hacer uso de esos derechos, que tales derechos parecen más una extensión de los derechos humanos, y sobre todo, la manera cómo deban ser juzgados los conflictos normativos entre derechos animales y derechos humanos[3]. LORENZ y SIMON, igualmente son críticos del reconocimiento de tales derechos, bajo el entendido que precisamente “según la filosofía del movimiento de los derechos animales, la humanidad no tiene derecho a utilizar ningún animal para ningún fin” y que la filosofía del bienestar animal, por otro lado, está interesada en preservar el “control de las personas sobre los animales”.

Sin embargo, más allá de cualquier postura filosófica o jurídica que se tenga, para todo ser humano debería ser comprensible, que a los animales no se les puede someter a sufrimientos innecesarios, ya que tanto aquellos como los seres humanos, tienen un valor inherente que debe ser respetado.

Ya en 1641, en la Colonia de Massachusetts, el código penal protegía a los animales domésticos de la crueldad.

Y el primer caso conocido en llegar a la justicia, ocurrió en 1822, cuando los tribunales de Nueva York establecieron que la crueldad inmotivada contra un animal era un delito. Señala FRANCIONE que los esfuerzos por mejorar su protección legal continuaron en Estados Unidos durante el Siglo XIX, y en la primera mitad del XX hubo muchas e importantes campañas para regular la vivisección o el uso de los animales por la ciencia. Tras la Segunda Guerra Mundial, “el uso institucional de animales se incrementó por dos causas: el gran aumento de la investigación con animales a ambos lados del Atlántico y la aparición de la ganadería industrial”.

Otro gran defensor de los derechos de los animales, es el australiano PETER SINGER, que en su obra Liberación Animal argumenta que al valorar las consecuencias de las acciones que afectan a los animales, es necesario tomar en serio sus intereses y calcular de antemano cualquier efecto adverso sobre ellos originado por las consecuencias de las acciones humanas. Los hombres, indica SINGER, no actúan así debido a un prejuicio de especie, o especismo, a partir del cual los intereses del animal se devalúan sistemáticamente.

La teoría del valor inherente se le debe a TOM REGAN, para quien es obligado atribuir igual valor inherente a agentes y pacientes morales relevantemente similares, porque ambos son sujetos-de-una-vida: es decir, son conscientes, poseen una conciencia compleja e identidad física y psíquica en el tiempo. A los agentes y pacientes se les puede perjudicar o beneficiar y tienen la posibilidad de bienestar o malestar, pues sus experiencias durante la vida les hacen estar bien o mal con independencia de cualquier utilidad que tengan para otros o del interés que otros tengan en ellos. Ser sujeto-de-una-vida no sólo es condición suficiente para tener valor inherente, sino que también es un criterio que permite la atribución inteligible y no arbitraria de igual valor inherente, ya sea el sujeto-de-una-vida agente o paciente, humano o no humano.

Desde el año 2002, la Constitución Alemana es la única carta política del mundo que incluye expresamente “los derechos de los animales”. La reforma de la Constitución Alemana implica añadir las palabras “y animales” a la cláusula que obliga al Estado a proteger la vida y dignidad humana. Con la reforma constitucional, el artículo prescribe ahora: “El Estado toma la responsabilidad de proteger los fundamentos naturales de la vida y de los animales en interés de las futuras generaciones”.

Marco legal internacional

El 23 de septiembre de 1977, en Londres, la Liga Internacional de los Derechos del Animal y las Ligas Nacionales afiliadas en la Tercera Reunión sobre los derechos del animal, adoptó la Declaración Universal de los Derechos de los Animales; cuyo texto definitivo fue aprobado en 1978 por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Desde el preámbulo de la Declaración se considera que todo animal posee derechos, que el desconocimiento y desprecio de dichos derechos han conducido y siguen conduciendo al hombre a cometer crímenes contra la naturaleza y contra los animales; que el reconocimiento por parte de la especie humana de los derechos a la existencia de las otras especies de animales constituye el fundamento de la coexistencia de las especies en el mundo; que el hombre comete genocidio y existe la amenaza de que siga cometiéndolo; que el respeto hacia los animales por el hombre está ligado al respeto de los hombres entre ellos mismos; y que la educación debe enseñar, desde la infancia, a observar, comprender, respetar y amar a los animales.

La ONU ha establecido que todos los animales nacen iguales ante la vida y tienen los mismos derechos a la existencia. Así mismo, que todo animal tiene derecho al respeto.

Por igual se establece que el hombre como especie animal, no puede atribuirse el derecho de exterminar a los otros animales o de explotarlos violando ese derecho. Tiene la obligación de poner sus conocimientos al servicio de los animales. Igualmente se destaca que todos los animales tienen derecho a la atención, a los cuidados y a la protección del hombre.

Por otra parte, ningún animal puede ser sometido a malos tratos ni actos crueles y si es necesaria la muerte de un animal, ésta debe ser instantánea, indolora y no generadora de angustia.

Se considera que todo animal perteneciente a una especie salvaje, tiene derecho a vivir libre en su propio ambiente natural, terrestre, aéreo o acuático y a reproducirse. Igual, toda privación de libertad, incluso aquella que tenga fines educativos, es contraria a este derecho. Así, todo animal perteneciente a una especie que viva tradicionalmente en el entorno del hombre, tiene derecho a vivir y crecer al ritmo y en las condiciones de vida y de libertad que sean propias de su especie. También, toda modificación de dicho ritmo o dichas condiciones que fuera impuesta por el hombre con fines mercantiles, es contraria a dicho derecho. Existen otras disposiciones que señalan que todo animal que el hombre ha escogido como compañero tiene derecho a que la duración de su vida sea conforme a su longevidad natural; y que el abandono de un animal es un acto cruel y degradante. Se prescribe que todo animal de trabajo tiene derecho a una limitación razonable del tiempo e intensidad del trabajo, a una alimentación reparadora y al reposo.

En lo que respecta a la experimentación animal que implique un sufrimiento físico o psicológico, ello resulta incompatible con los derechos del animal, tanto si se trata de experimentos médicos, científicos, comerciales, como toda otra forma de experimentación. Las técnicas alternativas deben ser utilizadas y desarrolladas. Cuando un animal es criado para la alimentación debe ser nutrido, instalado y transportado, así como sacrificado, sin que de ello resulte para él motivo de ansiedad o dolor.

Frente a la explotación de los animales para la simple recreación humana, es un mandato que ningún animal debe ser explotado para esparcimiento del hombre y que las exhibiciones de animales y los espectáculos que se sirvan de animales, son incompatibles con la dignidad del animal.

En tanto que todo acto que implique la muerte de un animal sin necesidad es un biocidio, es decir, un crimen contra la vida. Igualmente, los actos que impliquen la muerte de un gran número de animales salvajes es un genocidio, es decir, un crimen contra la especie. En tal sentido, la ONU considera que la contaminación y la destrucción del ambiente natural conducen al genocidio.

No solamente los animales vivos tienen derechos: Un animal muerto debe ser tratado con respeto. Del mismo modo, las escenas de violencia en las cuales los animales son víctimas, deben ser prohibidas en el cine y en la televisión, salvo si ellas tienen como fin el dar muestra de los atentados contra los derechos del animal.

En lo que atañe a las medidas nacionales, se ordena que los organismos de protección y salvaguarda de los animales, deben ser representados a nivel gubernamental. Los derechos del animal deben ser defendidos por la ley, como lo son los derechos del hombre.

En su extenso articulado, la Constitución Política de Colombia no menciona el término “animal” o “animales”, y no reconoce derechos a éste tipo de seres.

Ello contrasta notablemente con la Constitución Alemana, que en el artículo destinado a la dignidad humana, recientemente reformado, incluyó expresamente, la obligatoriedad del Estado en garantizar los derechos y la defensa de los animales.

La única disposición que indirectamente alude al tema en Colombia, está consagrada en el artículo 79, que señala que el Estado ha de proteger la diversidad e integridad del ambiente, conservar las áreas de especial importancia ecológica y fomentar la educación para el logro de estos fines.

 

El “arte” de la tauromaquia y otros espectáculos grotescos

Con gran orgullo “los amantes de los toros” sostienen que la tauromaquia es un legado de la civilización minoica, del segundo mileno antes de Cristo (Edad de Bronce), en el que se le rendía culto al toro como elemento representativo de la fuerza masculina. Según las pinturas rupestres encontradas en Creta, se puede identificar la naturaleza del juego: El toro depositario de la fuerza bruta, enfrenta el hombre, quién busca derrotarlo para escalar puestos dentro de la comunidad por su nuevo carácter de héroe. “Es una transposición de los ciclos vegetativos en los que la naturaleza se renueva constantemente: las nuevas generaciones van desplazando a las antiguas y las acrobacias y luchas con los toros son una buena prueba de ello”.

Otros argumentos “en defensa de los toros”, es que éstos no sufren, que existen otras actividades crueles en el mundo y que las corridas dan de comer carne a cierta gente.

La lucha del hombre por demostrarle a los demás hombres, que son superiores a “la bestia”, pervive en Colombia y se practica en todas las fiestas populares. Colombia es uno de los ocho países que han seguido esta tradición, a pesar que en 1978, con la promulgación de la Declaración Universal de los Derechos de los Animales, la ONU instó a respetar estos derechos y a abolir la tortura y la crueldad contra los animales.

En la demanda de inconstitucionalidad contra el Reglamento Nacional Taurino, quedaron expuestas las razones del movimiento en defensa del bienestar de los animales y contra ésta milenaria práctica que sobrevive en Colombia. La primera de ellas, es que el legislador colombiano ha debido tener en cuenta criterios especializados, técnicos y objetivos acerca de lo que constituye una actividad artística, pues se limitó a una apreciación subjetiva y sin criterio serio, buscando favorecer la actividad privada y mercantil propia de las corridas de toros: “en ninguna nación, salvo en España, se ha considerado como arte las corridas de toros, de allí que lo expresado en el funesto reglamento taurino, es simplemente una estimación caprichosa, subjetiva, sin bases técnicas o científicas, surgidas sólo de las inclinaciones del legislador tendientes a favorecer indebidamente una actividad”. Igualmente, las corridas de toros atentan contra los derechos de los niños, en particular contra su salud mental agredida por el capricho y el gusto de sus mayores y tutores: “está demostrado científicamente que la exposición de menores al violento espectáculo taurino les causa daño sicológico, la conclusión es inevitable, no puede permitirse su asistencia a tales eventos”. En el mismo sentido, se argumenta que es inconstitucional por el daño psicológico que se pueda causar a los niños, eventualidad que puede ser dejada al arbitrio de sus padres o tutores, más aún cuando la norma se refiere al ingreso en compañía de un adulto cualquiera, sin exigir que se trate de su padre o un familiar, como tampoco de un adulto responsable, es decir “cualquier adulto”. Es un hecho probado que el ingreso a estos festejos es causa de daño y trauma psicológico a los menores.

Parece aún estar lejos la posibilidad de abolir ésta cruel práctica en Colombia, más, si se quiere preservar las negativas tradiciones heredadas de la “Madre Patria”.

La tauromaquia es una manifestación violenta y la sangre es la respuesta a la exaltación del público dentro de un escenario de licor y algarabía, lo cual resume, en muchos aspectos, el folclor y la cultura nacional.

Sobre la legalidad de otra práctica cruenta en Colombia, como los son las peleas de gallos, igualmente la Corte Constitucional no encontró razones suficientes para prohibirlas. La Corte se abstuvo de estudiar la demanda de quienes pedían modificar el Estatuto Nacional de Protección Animal, e incluir en él a las corridas de toros y las peleas de gallos, dentro de los actos considerados crueles contra los animales.

Esa disposición, contemplada en la Ley 84 de 1989, prohíbe el maltrato a los animales pero hace una salvedad en el caso de la fiesta taurina y las peleas de gallos, por considerar que se trata de tradiciones artísticas que hacen parte de la idiosincrasia propia de los pueblos. En éste sentido la Procuraduría General de la Nación conceptuó:

Las corridas de toros, las novilladas, el rejoneo, el coleo, las corralejas, las becerradas, las tientas y las peleas de gallos, “son expresiones culturales y artísticas que nos identifican como colombianos (…) lo que hace tolerable el sufrimiento a que son sometidos estos animales”.

Otra situación repugnante la constituye el maltrato animal en los circos: Según la investigación realizada por Animal Defenders International (ADI), entre 2003 y 2007, en el 100% de los circos con animales, hay maltrato. Se han determinado casos de animales que son mutilados para ser sacados sin despertar sospechas, animales en guacales que son de la mitad de su tamaño, animales en desatención y enfermos; además, de constantes agresiones con varillas y bastones de madera para que aprendan trucos y malabares.

(Artículo completo en http://revista.urepublicana.edu.co/wp-content/uploads/2012/07/Los-derechos-de-los-animales-en-Colombia.pdf )

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Esta entrada fue publicada en enero 3, 2013 por y etiquetada con , , , , .
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